martes, 7 de julio de 2020

El gol que no grité

Sí, hubo goles que me dolieron gritar, cómo que no. Que sí, te digo.
Te lo voy a contar como se me viene a la cabeza, quizás me entiendas.
El partido iba 3 a 3 y, si bien fue en agosto, el calor era inaguantable. Recuerdo haber escuchado un comentario que vino de unos escalones debajo mío, algo sobre un record: “la temperatura más alta en agosto en no sé cuánto tiempo”, dijeron. En la popular de River eso se nota mucho más, el calor pega justo en el cemento y sube hasta tu sien, pero como uno no tiene mucha noción de los riesgos le chupa un huevo, y salta y canta todo el partido. 
Es más, el partido lo pusieron tipo 2 de la tarde o 3, no mucho más. Ahora que lo pienso seguro era el veranito previo a la tormenta de Santa Rosa. Yonosé si habrá una explicación racional para todo esto, pero la posta es que para esta época siempre viene un calor inaguantable que es apagado por un diluvio de unos días. Cosa e’ mandinga, dirían los viejos.
Ya sé, dirás "cómo mierda te va a meter tres goles Chacarita recién ascendido", ¿no? En el monumental encima. Y claro, yo te cuento esto y a vos no te entra en la cabeza…Pero más bien, porque creciste con las copas de Gallardo y los partidos contra Boca, pero pibe en esa época era cosa normal, nos hacían de a 3 para arriba, sea Tigre, Estudiantes, Lanus o cualquier equipo de mierda.
Igual paremos el carro, te pongo en contexto, porque tampoco es que Chaca no tenía nada. Arriba tenían al Chavo Alustiza, que después jugó un montón de años en México y a Facundo Parra, el que después ganó la Sudamericana con el Rojo, de 5 jugaba Vismara que después ganó Copa Argentina con Huracán y creo que hasta metió final de la Sudaca también, los centrales, Echeverria y Lisandro Lopez, después jugaron en Boca, en cuanto al técnico era el Ruso Zielinski, la puta madre.
Vos sabes bien que desde chico simpatizo por Chacarita. Te digo más, el torneo anterior lo había seguido en el ascenso a primera, en cancha de Ferro y de Argentinos, íbamos con mi hermana y mi cuñado siempre que podíamos, así que además de simpatizar por la institución, tenía simpatía por aquel plantel en particular.
Por el lado de River los lideres eran Ortega, ya con 35 y Gallardo con 33 (y muchísimas lesiones a cuestas), dos ídolos del club conviviendo con los peores nombres de su historia.
Al partido pudimos empatarlo después de ir 3 a 2 abajo y a esa altura ya me sentía hecho, no por el poco valorable punto de local, no nene. Me sentía hecho porque el empate significaba un poco una victoria compartida con mi hermana, que ese partido lo miraba desde la popular visitante (todavía había hinchas de ambas parcialidades).
Es decir, a 100 metros míos en línea recta, en la Centenario alta, la tribuna que da a Figueroa Alcorta, estaba ella con mi cuñado. Me la imaginaba mordiéndose el labio de los nervios, cantando con su hinchada, habiendo gritado los goles de Chaca pero también habiendo sentido algo reparador en el gol de River, o capaz no queseyo. Nunca se lo pregunté, a decir verdad. Pero sí imagino que también se iba hecha con el empate y que cuando esa tarde nos cruzáramos en el comedor de casa, fuéramos pares nuevamente.
Pero viste como es…en los cálculos no se contemplan a los genios, a esos a los que le chupa un huevo el romanticismo del que te estoy hablando, y uno de ellos fue Ariel Ortega, apagado y todo, con pocas y malas intervenciones en el partido, y ya en el apogeo de su gran carrera.
El partido terminaba, la cabeza se me partía en 2 por el sol que en la Sivori Alta caía con sus rayos como una espada, la casaca de River en mi mano derecha agitándola, mis amigos a pocos metros. El reloj del árbitro marcaba los 41 minutos, momento en que partió un pelotazo largo desde atrás de la mitad de cancha, de esos que se tiran cuando la suerte ya está echada, a ver qué pasa, el clásico “tomá y arréglate”: y Ortega se arregló.
Ariel arrancó en la línea del ultimo defensor, que quedó enganchado, pidiendo un offside que no fue. La pelota le cae justo delante y, en lugar de picar y avanzar, un efecto raro la hizo rebotar hacia arriba quedándole algo encima al Burrito, que tuvo que frenar su marcha y esperar que la bocha le bajara. Quizás él ya sabía qué hacer desde que partió el pase, siempre me pregunté en qué momento piensan todas las posibilidades y eligen la mejor carta de su baraja, en qué momento deciden cómo resolver alguna ocasión del partido, pero por algo son genios: tres segundos después que la pelota partió en su viaje aéreo desde la mitad de cancha, solo tres segundos digo, fue que picó delante de él, y como te contaba tuvo que aminorar la marcha. Quizás en los años noventa la hubiera bajado y en velocidad se acercaba al arquero para después definir, pero en el final de su carrera la velocidad no era la misma. Entonces ocurrió la magia: antes que la bocha diera su segundo pique, Ariel la toca de cara interna por arriba del arquero, muy por arriba de Tauber, el arquero de Chacarita, el cual termino dentro del arco al igual que ella, después de esa parábola interminable hacia el fondo de la red.
Esta genialidad yo la vi en el otro arco y viste como es, no se ve una mierda. De igual forma la tribuna se descontroló al instante, mis amigos me abrazaban, por allá abajo una avalancha, en otro sector ya se empezaba con el espontaneo Orteeeeeeeeeeeega Orteeeeeeeeega que se replicó en el resto del estadio, a mi alrededor todo era delirio aunque mi cabeza y mi corazón iban en otra sintonía. Por un lado, quería sonreír, abrazarme, saltar, cantar, pero mi corazón alquiló los ojos de mi hermana, desde la tribuna visitante, la misma del arco vencido, puteando al aire, viendo el festejo de los jugadores de River frente a sus narices y con la bronca de que haya faltado tan poquito.
No pude gritarlo, no me salió y no me arrepiento. El amor, a veces, es contradictorio.


Némesis


La muerte del Gigante Murió el monstruo que vivía tras la montaña y es noticia en todo el pueblo, que está convulsionado y el terror al futuro es más grande al que los acechaba cuando el gigante estaba con vida. Cuenta la historia que aquel gigante fue encontrado de niño por un anciano en una de las tantísimas cuevas del extenso territorio de La Protegida, el pueblo que fue preso del terror por aquella época. A pesar que sus primeros años fueron como los de cualquier niño, terminando la infancia su crecimiento fue a una velocidad ridícula, sin pausas y sin precedentes de algo así en la historia. Poco menos de 10 años después de que fuera encontrado, a este gran monstruo lo vieron enterrando a su padre adoptivo, el anciano Jovier, y los rumores que el viejo fue asesinado no tardaron en propagarse. Los pocos pero antiguos pobladores de La Protegida y sus alrededores buscaron refugio tras la montaña, ante el peligro o el miedo hacia el gigante, en una región más bien seca, pedregosa, sin acceso al arroyo y que bautizaron como La Sombra del Gigante. Como era de imaginar, a La Sombra del Gigante le llevó tiempo ser la región provechosa en la que se convirtió, tuvo que crear caminos alternativos, comerciar con nuevos pueblos, instrumentar mecanismos de riego sofisticados para aprovechar la escasa agua que se podía recoger de la lluvia, construir sus casas con nuevos materiales, esta vez más resistentes a los vientos que azotaban al lugar. Fueron años de escasez, pero de trabajo. Años en que la meta se veía lejísimos, pero igual se iba hacia adelante, con el miedo como único motor. De hecho, las nuevas generaciones, que crecieron con esta filosofía, ni siquiera habían visto vez alguna al gigante, ni habían llegado a vivir en La Protegida, el pueblo de sus antepasados, pero les alcanzaba con saberse en peligro, para proyectar soluciones. La Sombra del Gigante se convirtió, tiempo después, en el modelo de progreso al que sus vecinos miraban y admiraban, en todo el país se hablaba del monstruo y de sus vecinos de La Sombra. Pero ¿qué iban a hacer ahora sin su miedo al que vencer? Ahora que el gigante había muerto ¿Se atreverían a cruzar la montaña nuevamente?

Sin su motor, ¿podrían seguir siendo el pueblo modelo? ¡Si hasta su nombre tenía que ver con él! Murió el monstruo que vivía tras la montaña (y un pueblo lo llora)


sábado, 16 de mayo de 2020

 Star again Se escapan las virtudes de este duelo Cuando llorar está de más y vos echás de menos No se trata e’ agonizar, estirar este lamento Si en la muerte material nace un espíritu nuevo Ya no sé qué es lo real o que mierda es un juego Y ponerte en mi lugar no te hace sentir el fuego Lo podrás ver arder quizás, pero yo soy quien me quemo Que no digas que no y quieras volver luego Porque entre tanto encanto…seguro que me muevo (un-dos) en busca de algún cielo (un-dos) o ranchando en el infierno (un-dos) pero seguro que me muevo Son las vueltas de la vida, cuesta abajo cuesta arriba Encima cambian las reglas cuando creía que entendía Y me miran siluetas desde una esquina (sombrías) Sombrías, son mis (propios) miedos quemando mis retinas Pero (igual) elijo encerrarme con ellos en un cuarto Es un medio prolijo pa’ acostumbrarme a su espanto Y me entero que el hijo de mil putas está ganando Estoy listo pa enfrentarlos, mano a mano con mi psyco No voy a decir que no, terminé cagado a palos Me llevé un par de saques y me duele acá al costado Pero verlos cara a cara sin disfraces es como Entender que del 100, 60 es agua y el resto miedo somos. No queda otra que amigarse, combatirlo o resignarse Si les diste de comer tantos años y se hicieron grandes Hacete cargo de lo que alimentaste

lunes, 13 de abril de 2020

MI PRIMER CUENTO


*Quién sabe si la cuenta regresiva empezó

Al gatillarte en esa foto cualquiera



Era domingo, se despertó por el insistente ruido de su perro rascando la puerta de la habitación, como cada día, a las 8am (los animales no entienden de días laborables o no)
Ni bien pudo despegar sus ojos y volver a este mundo, supo que había tenido un sueño raro y trasladó esa sensación incómoda a su realidad de ojos abiertos, era un día distinto.
-Puta madre, hoy tengo que reponer la garrafa- pensó, mientras ponía agua para el mate ya sin poder dormirse.
Su perro meo y cagó (El orden, en este caso, es preciso) y él se colgó por varios segundos mirándolo por la ventana. Su hipnosis terminó y el chasquido despertador fue la pava silbadora, avisándole que esos mates, irremediablemente, le saldrían lavados.
Una vez sentado se dispuso a prender la tele, quizás encontraba un partido de la Premier para maquillar su soledad. Al fijar los ojos en la pantalla, redescubre un portatetrato que hace tiempo estaba ahí, en la misma mesa. Se fue acercando despacio, en silencio, como quien quiere atrapar una paloma con sus manos, quizás por temor a modificar la escena que veía, y ahi estaban ellos en la última foto que se sacaron: el gordo, Juampi, la China y él, Matías. Se queda contemplandola en sus manos y, sin soltarla, fue en búsqueda de su celular.
Efectivamente comprobó lo que ya su mente trataba de advertirle: hoy, 28 de marzo, hacía un año de lo de la China, de su desaparición.
La China fue la última de su grupo de amigos a la que se la tragó la tierra en cuestión de una semana ¡Una semana y sus amigxs ya no estaban! Nadie sabía nada de ellos y en el canal zonal no se hablaba de otra cosa.
Matías ese tiempo lo vivió con algo de culpa por ser el único de la foto que corrió con mejor suerte.
Finalmente encendió la TV y, luego de un zapping de ida y vuelta sin ganas, optó por poner música que fuera banda de sonido de sus pensamientos: -¿Por qué ellos?, ¿Quién o quiénes fueron?- Matías se hacía estas preguntas buscando algún punto fijo en el que concentrarse, se iba enredando en sus hipótesis y metiéndose cada segundo más y más en sus recuerdos:

La semana previa a la primera desaparición fue como todas, durante los días laborables su grupo de amigxs no se juntaba en su totalidad, sobre todo porque la China volvía al pueblo sólo los fines de semana, luego de sus cursadas en la Universidad de la capital. Llegado el sabado, aprovechando que el sol no quemaba, agarraron sus bicicletas sin destino premeditado.
Dieron varias vueltas por las afueras del pueblo, sin demasiados sobresaltos ni hechos interesantes, más cerca del aburrimiento que del éxtasis de futuras anécdotas, hasta que detrás de la posta del ejército, pasando el cementerio, llamó su atención una construcción moderna, que desentonaba por su arquitectura y que quedaba cercada por un muro de pinos.
En los últimos diez años fueron naturalizando el crecimiento inmobiliario en las adyacencias de la zona urbana, generalmente se trataba de nuevos ricos que elegían la zona para montar su casa de fin de semana, quizás por lo barato del m2 en ese lugar y la vista periférica hacia las sierras.
Presos de curiosidad (Y por iniciativa del gordo) se acercaron al lugar lo más que pudieron, lo suficiente para que la vista se cuele entre los pinos y saciaran su sed de mirar. La primera impresión que tuvieron fue que esa edificación era tan grande como desproporcionada para ser una casa de familia, al menos como a las que estaban acostumbrados, además les pareció una abominación que no tuviera una pileta (¿a quién se le ocurría hacer tremenda construcción y no gastar unos pesos más en una buena piscina?)
(Él) Matías, por su parte, en aquellos últimos minutos que estuvo en ese lugar reparó en dos cosas: por un lado en la excesiva cantidad de carteles con indicaciones, tanto en paredes como montados sobre postes y que, aunque no pudo descifrar qué decían, creía que estaban en otro idioma; y, por el otro, en un ventanal ubicado en el ala derecha, tras el cual pudo ver (O creyó hacerlo) aproximadamente 4 pares de gemelos idénticos, sentados frente a un proyector al que miraban con mucha atención.

Esas dos imágenes quedaron congeladas en su retina y recién comenzaban a derretirse en este 28 de marzo, tomando mates en su casa, uniendo hechos.

Recordó además que un parpadeo después, la escena que vio fue totalmente distinta: un disparo ahuyentó a unos pájaros que se empalagaban con la resaca de unos pastos recién cultivados, un uniformado sostenía un arma larga apuntando al cielo y las sirenas del destacamento militar comenzando a sonar. Sin entender demasiado lo que sucedía -y hasta tomándolo como una travesura- cada uno se montó a su bici y emprendieron el regreso a una velocidad exagerada hacia la plaza del centro, que usaban como punto de encuentro.
Durante lo que restaba de tarde tejieron algunas hipótesis acerca del misterioso lugar, las cuales oscilaron desde una escuela para los nuevos habitantes de las afueras del pueblo hasta una casa comunitaria para que nuevos ricos fantaseasen con una pseudo aventura hippie. De todas formas, no le dieron mucha más relevancia al tema, de hecho las armas eran habituales en la zona debido a la caza deportiva y, usualmente, los campechanos eran muy celosos del respeto por la propiedad privada.
A poco menos de una hora del escape, habiendo recuperado ya el aliento, le pidieron a una pareja que pasaba que por favor les tomará una foto, la cual la China se encargó de enviarla inmediatamente al grupo de whatsapp, y se despidieron para ahora sí regresar a sus casas. - Nos vemos el finde.- dijo Juampi yéndose, y agregó: -Y vos gordo llevate unas facturas mañana, no seas rata.- refiriéndose a su amigo y, también, compañero de trabajo.
Ese lunes el gordo nunca llegó al laburo, el miércoles quien no llegó fue Juampi, y en tanto a la China, lo último que se supo fue que el sábado de esa semana viajó desde la capital hacia el pueblo, como normalmente lo hacía.

Matías revivió los hechos en su mente con angustia, pero decidió volver al lugar. Tenía que haber una forma de entrar y quizás allí encontraría una explicación acerca de la desaparición de sus amigxs, o bien la certeza que lo que sucedió esa tarde en ese lugar no tuvo nada que ver con ello.
Tomó su celular, su billetera, acarició a su perro que se ilusionó con salir a pasear y se fue en bicicleta al misterioso edificio. La bici la dejo atada a unos 200 metros que hizo caminando, analizó el lugar unos minutos y decidió que lo mejor era ingresar por la entrada principal y averiguar formalmente. El movimiento era nulo y temió que por ser domingo no hubiera nadie allí. Sin más, ingresó por el portón que daba a la ruta, que se encontraba llamativamente abierto, pocos pasos de camino delimitado por piedras laja lo separaban de ingresar al primer cuarto, desde su lugar veía las luces apagadas y era lo correcto para esa hora del mediodía. Pudo comprobar que los carteles que habían llamado su atencion aquel día tenían indicaciones en alemán y una pequeña traducción al inglés. Al cruzar la puerta de ingreso y adentrarse en el cuarto, observó las fotos de sus amigos desaparecidos, con la última vestimenta que usaron y con sus caras repletas de sorpresa y miedo en igual dosis. Detrás suyo escuchó una puerta abriéndose, dejando una leve estela de sonido, como un pequeño llanto agudo y a continuación un chistido.
Sus piernas paralizadas por el terror lo indujeron a sólo girar, muy lentamente, su cuello; al segundo siguiente hace contacto visual con un rostro familiar, no pudiendo creer lo que veía, e inmediatamente descubre, en el disparo de esa cámara de fotos, que su vida había terminado.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Buen día, nos conocemos ?

No te escuche hablar, quizás nunca lo haga. No sé de tus ideas, ni de tus ilusiones, de tus risas Y, por supuesto, tampoco sé de tus lágrimas.
No sé -ni me importa saberlo- de dónde venís ni a dónde vas.
Todo lo que desconozco de vos, es lo que desconocen de mi, aunque nunca nadie se lo pregunte.
En este momento, si pensas ¿En qué lo haces? ¿Cuál fue tu último sueño?; ¿Y el último miedo al que venciste?; ¿generas experiencias imborrables todos los días?; ¿Alguna vez intentaste que el dolor ajeno no pasara por al lado tuyo sin tocarte?;  ¿Alguna vez sentiste ese fuerte impulso de volar?; ¿de sacarte de a una las cadenas y atarte sólo al viento?; ¿Alguna vez te volviste a enamorar de algún rostro que ya olvidaste en algún colectivo que te llevaba a algún lugar?

¿Alguna vez le pusiste nombre a un hijo que no tuviste y quizás nunca tengas?; ¿se marchitó alguna flor en tus manos, algún amigo, un hermano o flores de otro jardín?; ¿encontras tesoros donde sólo veías rutina?

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de la lluvia sobre tu piel?; ¿estas sufriendo por amor o disfrutando de él?; al cerrar los ojos ¿tuviste miedo de no despertar?

Por un segundo, quizás atravesado por el dolor ¿despreciaste una vida ajena?; ¿perdiste el tiempo odiando?; ¿Lo detuviste amando?

¿Cuánto crees conocerme?
¿Cuánto crees conocerte?
Si ante estas preguntas te ganó el silencio

miércoles, 22 de enero de 2020

Muerte, el exilio de las palabras

Que cosa espantosa la muerte
Cuando no es la tuya
Apaga de repente los sueños
Y hasta el miedo que nos mantiene vivos

Espanta a los que quedamos
Viviendo la muerte de otros
Mientras un corazón ya no late
Y otros tantos se van quedando sin cuerda

Rodea de muerte al silencio
Y el silencio se te mete en los huesos
Las palabras convocan al exilio
Más por sentirse inútiles que por conviccion

Flota en el aire olor a poco
A secretos en la punta de la lengua
A maceta que espera ser regada
A truenos que ya no tienen su abrazo que complementa

Todo lo edificado tambalea
El porvenir se vuelve pantanoso
El tributo que rendimos a sus memorias
Es territorio hostil para los exigentes 

Mientras tanto el aire sigue yendo de sur a norte
Los guiños se turnan en los autos y en los bares
Los semáforos no pierden la puntualidad
Y las risas siguen llegando tarde

Transitar el clímax del ocaso se vuelve oscuro 
Intensidad que no soporta recreos
Ni coronas marchitas ni abrazo sin alma
La memoria se reconoce tormenta

Y truena
Y llueve
Y lava las lágrimas
Y queda la cara húmeda 

martes, 7 de enero de 2020

El cielo de Amaicha

Una vez vimos las estrellas de Amaicha, las vimos y quemaban en la retina y congelaban en las manos y eran frías y brillantes y hacíamos silencio para ver mejor, hasta que en un momento hablaste y yo cerré los ojos para escuchar, como ahora lo hago. Tu voz aparece y las estrellas se van, despacito, escapándose por los canales del recuerdo, aquella vez interrumpiste el silencio para decir que no querías envejecer. Entendí con eso, quizás erradamente, que te querías quedar para siempre en ese momento, conmigo, compartiéndolo callados y tal vez de la mano, compartiéndonos el cielo de Amaicha y sus estrellas, que quemaban en la retina y congelaban las manos, que se abrazaban entre ellas y las brasas eran yemas.
Cada vez que recuerdo pierdo la noción del tiempo, no distingo bien si fue ayer o hace mucho tiempo, a veces sospecho que ese día es mañana, por eso todavía te espero acá en Amaicha, regando unas plantas que no te gustan, porque no te gustan las plantas, pero yo te las quiero compartir, o haciendo un guiso en una cocina compartida, ya sin vergüenza porque ahora sé hacerlos sin ayuda, el guiso en un plato
se te enfría y a mí también, pero los dos platos descansan sobre el mantel que acabo de poner. A veces cansado de picar los culitos del pan, agarro un libro y me voy a tirar a la plaza, un poco leo y otro poco pienso, miro a mi alrededor a ver si distingo tu pelo largo o tu risa inconfundible, paso por la terminal que es una calle sin siquiera refugio. Te confieso que más de una vez hice trampa y, mientras la comida esperaba por nosotros y el vino no se descorchaba, me compraba un tamal o una empanada o los dos, para matar el hambre de estos meses esperándote y ni siquiera se porqué espero, porque vos no te quedaste anclada en este tiempo que no corre, vos encendiste tus alas y entendiste tu alma, volas y te conoces, te querés, pero lejos de acá. Los cóndores vuelan solos y vos sos un cóndor, aunque los diableros dicen que el hechizo no sea para siempre. Quizás un día sólo quieras volar en avión hacia cualquier lugar, y saques dos pasajes y me invites a volar con Vos, te juro que no voy a preguntar a dónde vamos y realmente no me interesa, así dure un día o sea sólo el espejismo de mis ojos mirando el cielo de Amaicha, pidiéndole un deseo a esa estrella fugaz que va y viene con ganas de concedermelo, aunque no sea más que en mi mente