lunes, 13 de junio de 2016
Viejito
Estoy ansioso por saberte sin el pucho en la boca o simplemente en la mano por esa puta costumbre que tanto costó, por verte respirar el azul del cielo bonaerense, que en la vereda de casa es aún más brillante. Ansío con las fuerzas de un hijo orgulloso verte jugar a los pases con tu segundo nieto, o tal vez sólo contarle de tus gambetas en algún potrero a fines de los años 60, y que él escuche atento encima de tus rodillas, alimentando sus ilusiones futbolísticas. Pensándolo bien, creo que deberías empezar por contarle qué carajo es un potrero, extintos en los tiempos que corren. Espero fuertemente la hora de que tus pulmones te den tregua y aceptes una de las infinitas invitaciones al monumental, poder subir a tu par los escalones de la Sivori y sentirme un nene en el mejor lugar del mundo. Más de una vez también me ilusioné con que el tiempo no sólo no corra, sino que tire reversa y elija algunos casilleros hacia atrás al azar. Quizás caiga en alguna tarde de sábado en el Suva, vos con una gaseosa de segunda línea en la mano como premio y tu voz dejando escapar un “bien negrito” que hoy entiendo era el premio real. Me pongo un poco impaciente, lo sé. Pero ruego por poder verte andando en bicicleta con Guillermina a tu costado, haciendo carreras pero dejándola ganar, porque no podrías hacer otra cosa. O quizás quiero repetir la imagen del otro día, esa que me interrumpio en medio de un sueño sin sentido. En él estabas vos, mono, Patricio ya grande, una mesa larga y olor a asado. El día no lo sé, pero todo indica que era domingo. Es raro porque el sueño se ubica en un futuro no inmediato, pero en la radio sonaba costafebre, relatando un gol de Sorin o la bruja berti. En un momento, luego de que el relator hiciera un comentario acerca del pibito que iba a debutar, Pablo Aimar, de Río Cuarto, vos viejito hiciste un chiste y todos reímos. Mi vieja también río, ella tenía el pelo blanco como los inviernos de hollywood. Imagínate que desde un mueble, una foto vieja reestrenó una sonrisa que parecía inmóvil, una sonrisa que siempre vi igual (ojo, así como estaba siempre me pareció la mas hermosa) esta vez eligió demostrarme que estaba feliz de ese momento. Yo también lo estaba, no había forma de que no lo estuviera. Entonces, Viejo...me cumplís ese sueño?
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