Un hombre muere (y la vida sigue...)

Siete p.m. de una tarde de verano, un poco de sol aún ilumina este costado del mundo; un hombre se refugia del calor casi extinto bajo la sombra de un árbol, el hombre descansa.A su alrededor niños corren detrás de una pelota, sonríen e ignoran que a sus espaldas los ojos de un hombre decide entre parpadeos por este mundo o por aquel.La imagen del hombre dice que está presionando con débil fuerza la correa de un perro, el cual impaciente espera la oportunidad para escapar, sobre su pecho un diario se entrega al viento y transforma sus noticias en hojas sueltas volando por el parque.El hombre respira dejando atrás suspiros pero sin saber cual será el último. Confunde el sueño con la vida, pero los sueños van perdiendo color, corren al ritmo del pulso apagado de ese corazón, el pulso ya es pasado mientras la noche va cayendo y el sol, por fin, ilumina la otra parte del mundo.La mano derecha resignó el deber de sostener la correa y ya no quedan hojas del diario ni nada mas sobre su pecho; a unos metros una pareja se levanta del pasto sin interrumpir el descanso del hombre anónimo.Las últimas gotas de vida van cayendo dentro de una copa casi llena. Tomará unos minutos llenarla a ese ritmo. Las gotas caen confundiéndose con las ya vertidas, sin saber cual sera la ultima, la que decida detener el pulso y terminar con su suerte.La copa por fin dice basta, y en el mismo instante que cae la última gota de vida dentro de ella, una gota es expulsada hacia fuera, para segundos mas tarde estallar contra el piso y ser muerte.El parque casi desierto es testigo de ello y, en un rincon del mismo, un niño juega con un perro mientras un hombre muere.
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