lunes, 18 de julio de 2016

Carta a mis últimos 5 años.

Hace 5 años que bastó un beso para cambiar mi vida.
Una de las frases que elijo para este momento y con la cual quiero armar una idea, un boseto de lo que nos pasa hace 5 años es "Será nuestro premio por no salir corriendo..."
En ese momento en el que empezó todo (si es que se puede delimitar cuándo empezó), en el que nos dimos un beso atragantado hace un tiempo, un beso que siempre estuvo pero esperaba por nosotros, nos hicimos miles de preguntas:  ¿Vale la pena arriesgar una amistad que a los ojos de todos, y de nosotros, está consolidada? ¿Qué ganamos barajando y dando devuelta, cuando las cartas en mano quizás son la mejor mano que nos puede tocar? ¿Y si mejor fingimos amnesia, olvidamos aquel beso que quizás solo fue un cumplido para seguir el camino tal como estaba estipulado? ¿Por qué trazar horizontes nuevos, destinos que no están en la agenda de nadie?
Nuestro premio esta a la vista, no escapamos, jugamos todas las fichas a un número y nos llevamos el pozo mayor, porque el corazón no miente y la cabeza a veces si: te atormenta con prejuicios, inventa finales a historias que aún no comienzan o, peor aún, analiza todas las posibilidades y si de ellas 5 son felicidad plena, una es intrascendente y la última es una cagada, seguro que pese mas ésta; porque la cabeza es media boluda ¿viste?. Se la pasa planeando mientras el tiempo corre, imagina una vida para vivir en el futuro, mientras la vida se consume. El corazón se le caga de risa. El corazón, otra vez, le dice ¿viste la concha de tu madre que yo tenía razón? ¿Por qué no te metes en tus cosas?
Porque es así cuando un corazón dice que sí puede funcionar, pero si dos corazones se animan a darle un boleo en el orto a la cabeza, ahí ya no hay vuelta atrás, con eso no hay nada qué hacer.
No me olvido más: que somos amigos, que "estas seguro?", que "tenemos que pensarlo". Qué carajo hay que pensar?!? Perdón que me ponga agresivo, es que es fácil hablar con el diario del lunes, cinco años después, tirado en mi cama, esperando a que llegue el otro día para verte y disfrutar el rato de vida en el que nos toca estar juntos.
Y no había nada que pensar, al otro día ya no había vuelta atras. Al principio ese mundo nuevo en el que entre era pura curiosidad: Esto que sentimos ahora, el primer mes, el segundo ¿Cuánto dura? ¿Unos meses mas? ¿El primer año? El tiempo fue pasando y la incógnita se repetía pero adaptando la pregunta al tiempo que llevabamos juntos. Pensaba que tanta intensidad, tanto amor al principio, iba a hacernos gastar cartuchos para el resto del tiempo que quedaba, pero todos los días recargamos municiones, que parecen no acabarse nunca.
Con el diario del lunes sé que todo valió la pena, porque no hay nada que vaya a opacar jamás los momentos que me regalaste, desde esas primeras tardes en la plaza promediando el otoño del 2011, hasta el atardecer en Purmamarca. Desde esos adolescentes que fuimos, paseando por un shopping, hasta Nuestro amo juega al esclavo en Tandil. Desde un beso en la vereda de mi casa frente al mural, hasta el abrazo justo en momentos de mierda. Todo valió la pena y lo sorprendente no es el tiempo que hay detrás nuestro, al voltear la cabeza, no. Lo sorprendente es que por delante hay un camino más extenso, lleno de juventud y vejez, de niños y patio grande, de noches estrelladas en Amaicha. Hay un camino, en él esas estrellas van a estar para vos o para mi, las piedras también. Lo importante es que hay un camino y siempre va a ser más fácil compartirlo juntos.
Esta noche, como todas, brindo a tu salud y te brindo mi vida.


No hay comentarios: