Me cuentan también que cantás con tu hijo menor, qué le pedís a Dios que no te deje sola, que tomás con tímida fuerza la mano de quien se acerca a visitarte, porque eso te hace sentir mas viva, mas de este lado.
Me dicen que tu mirada pierde chispa, que disfrutas de los silencios y que no tenes objetivos más que allá del próximo día.
Me gustaría abuela poder darte otra vez un poco del sol de las 7 de la tarde y un mate para que cebes, pero no tomes, tal como acostumbrabas; te daría una mesa larga de un domingo de octubre o de abril, con un folklore que le da música a las risas y acompañe al humo paciente de la parrilla.Si pudiera te devolvería la vida de tus nietos, la de tus hermanos y te llevaría al cobijo de tu pueblo, que te vio en la inocencia de una niña y también aprendiendo a ser madre.
Si fuera posible te devolverá las ilusiones pérdidas, los sueños sin cumplir, como esas clases de tango que nunca tomaste.
Te regalaría a tu esposo, el Negro, para que lo putees un rato como solías hacer...y para que lo ames.
Te llevaría a los brazos de tu mamá, para que te sientas protegida y darte la seguridad de que nada malo puede pasarte, pero no puedo.
¡Qué impotencia no poder hacerlo!
No mereces tanto sufrimiento.Solo voy a darte mi amor y absorber un poco ese dolor; a Dios le voy a pedir misericordia que él sí puede dartela.
No sufra abuela, ya no.
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