miércoles, 6 de junio de 2018


Por qué duele tanto, un dolor tan parecido al vacío, a la tristeza a cuenta, pero tan distinto a dolores pasados. Puede que sea por lo evitable, porque no había necesidad de que el bolsillo delantero de tu camisa estuviera siempre lleno, y que palparas para rescatar un pucho, el vigésimo del día a las 4 de la tarde, y que lo fumaras en 2x4, lento pero no tanto , tranquilo pero sin deterte.  O tal vez el motivo sea el paso del tiempo, porque todos sabíamos que íbamos a entrar en tiempo de descuento, tarde o temprano, y que mi espejo y el tuyo nos dicen lo mismo. Porque no es de egoísta, pero yo también veo el paso del tiempo en tu vejez, el paso de mi tiempo.
O quizás el dolor sea por lo innovador, porque por más que fuerce mi memoria, no logró recordar si alguna vez anterior a este momento habías pedido ayuda, sin contar cuando de chico me pedías que te tuviera la escalera de madera, que te rascara lugares inalcanzables de la espalda o cuando me pedías que juegue simple ("toca y anda a buscar") Es decir, lo más cercano a pedir que estuviste era más por mi que por vos.
Y pienso que tal vez todo esto te haya vuelto más humano aún, te animas a pedir y recibir, que te pregunten, que te acompañen. Exactamente el mismo lugar que siempre ocupaste vos.
Nunca entendí cómo hiciste para que no se te escapara tanto dolor por debajo de tu camisa mal abrochada. Tal vez por eso elegís combinarla con un joggin desgastado, para ir más cómodo con tus penas.
Cuerpo encorvado, pero nunca con cabeza gacha. Bigote ancho para disimular tanta risa. Risa que no mezquinaste ni cuando lo obvio hubiera sido el silencio, lo normal hubiera sido sentarse en la vereda y gritar al cielo o encoger el cuerpo en busca de unos brazos.

Las mismas calles

Te acordás de esos pasillos angostos, como laberintos de hormigas? De barro con la lluvia y charcos de bolsa en las zapatillas?
Hoy son calles de asfalto

Te acordás de aquellos obreros ferroviarios,  Habitantes fugaces que una vez jubilados tuvieron que dejar los chalets?

Hoy sus bisnietos crecen en las veredas de las casas que ya son suyas para siempre

Recordas esos torneos de fútbol en la Canchita?

En ese espacio que era desierto hoy hay hogares

También se mantienen algunas cosas: el carnaval en verano, el día del niño en agosto, vecinos en las veredas compartiendo un mate, los juegos de los más chicos que hacen de la calle su parque de diversiones. La memoria colectiva que se niega a olvidar a los muller, los garibotti y los Carranza y al viejo Adolfo.

Un barrio que se transforma pero es el mismo que hace más de 40 años desea un jardín maternal: barrio obrero.

lunes, 4 de junio de 2018

Una historia real, aunque lo lamente.



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El sábado entrecierra los ojos,
Va cayendo el sol
Solo sobreviven enojos
Viejas broncas, queda el rencor

El horizonte conserva su rojo
(y corre sangre por las venas del ocaso...)
El destino se maneja a su antojo
Maldita tarde que pega un volantazo.

La noche oscurece las miradas
La droga late cual bomba en el corazón
y aunque no explote, se rie a carcajadas
Ya mil fantasmas les gobiernan la razon

Un par de gritos anuncian la pelea
Como fue siempre, se amontonan para ver
Las ventanas se convierten en plateas
Guachos de mierda, jensédejoder

La adrelanila le gana al miedo
Se reprimen las ganas de correr
Se camuflan en las pilchas los fierros
Se maquillan las nubes, comienza a llover.

La pelea parece terminada
Pero un balazo al aire da pie
A una tormenta de agua y balas
Y a esa niña los truenos no le caen bien

Tapa sus oídos y se agacha.
Cierra sus ojos (quizás así no la pueden ver)
Por siempre niña, ya no más muchacha
Suave Brisa, dejando de correr

Un silbido se cuela por la ventana aun abierta
Maleducada señora que no golpea la puerta
La  niña tiembla, murmura que el dolor no es tan fuerte
Pero gotas color ocaso riegan su frente

¿Cómo se tira a la marchanta una vida?
Moneda en el aire que decide su suerte
¿Quién elije encontrar una bala perdida?
Sea cara o sea seca, finalmente será muerte