(Para un ser de utopías muertas...)
Voy por mis
sueños arrastrando miserias, coleccionando insultos, asesinando pasiones, encadenado en el aire, sin voz ni utopías, ya me preocupa más el resto del día que el resto de mi vida, desconozco caras e invento lugares, que bautizo con nombres al azar.
El sueño va, apurado y nostálgico, por un precipicio del que me acabo de caer....
Y desperté, con la modorra de tener las horas a mis espaldas, pocas pero pesadas.
Aún no tengo reloj, pero el sol arde allá arriba, serán alrededor de las once, y monedas para salvar una comida.
Pero el mundo te dice que es distinto, las marcas rugen hasta aturdir, las bombas necesitan sus civiles y las balas un índice que no señale, solo dispare.
Casi sin buscar
(no vale la pena hacerlo cuando encontrar es tarea fácil) me encontraron, mientras le daba palmadas en la espalda al autoestima enfermo y revolvía retazos de recuerdos (Cuando niño preguntaba -
Qué será de mi a los diecisiete?-), un arma se posó en mis manos y disparé, hacia el abismo, hacia la vida, hacia mi.
La vida va pasando, entre sueño y vigilia, entre ruleta y destino, entre dedos que señalan y dedos que gatillan, entre nombres en un paredón ya consumidos por el tiempo y aquellos que reivindican esa historia ahí escrita, entre la pólvora mojada y unos chimangos ya muertos, todo se va...
Destronado ya el día, la tarde se consume en humo barato, una campana de iglesia suena en mi mente, hay murmullos y sed de mi; cada tanto un pájaro vuela, con aparente resignación, sobre los colores de mi paranoia. Y mientras tanto, los calores de la noche se apoderan de mi adrenalina, el pulso es un tic-tac audaz y la sangre fluye ya sin destino fijo. A mi lado, la soledad de siempre. Todo es calma.Todo menos este cuerpo impaciente, que es tormenta y tiende a rebelarse a las ansias que cada vez son mas. Lo intenta pero no puede, las ansias son mas fuertes y el cuerpo (¡Por fin!) estalla, el día se hizo sueño y todo vuelve a empezar, pero esta vez sin un nuevo despertar.
No hay pulso, pero ahora la utopía es eterna,
y a nadie le importa.