jueves, 19 de marzo de 2015



En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
  descubrieron que vivían en América,
  descubrieron que estaban desnudos,
  descubrieron que existía el pecado,
  descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo,
  y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

Su majestad Eduardo galeano

Deberíamos poder decir que la ciencia está separada de la industria farmacéutica, pero no es así, porque con el dinero de esta se paga el desarrollo de la ciencia, y ese dinero solo va esos estudios que dicen que las drogas funcionan. El dinero controla la ciencia.

sábado, 14 de marzo de 2015

Crónica de un último atardecer, en primera persona

(Para un ser de utopías muertas...)

Voy por mis sueños arrastrando miserias, coleccionando insultos, asesinando pasiones, encadenado en el aire, sin voz ni utopías, ya me preocupa más el resto del día que el resto de mi vida, desconozco caras e invento lugares, que bautizo con nombres al azar.
El sueño va, apurado y nostálgico, por un precipicio del que me acabo de caer....
Y desperté, con la modorra de tener las horas a mis espaldas, pocas pero pesadas.
Aún no tengo reloj, pero el sol arde allá arriba, serán alrededor de las once, y monedas para salvar una comida.

Pero el mundo te dice que es distinto, las marcas rugen hasta aturdir, las bombas necesitan sus civiles y las balas un índice que no señale, solo dispare.

Casi sin buscar (no vale la pena hacerlo cuando encontrar es tarea fácil) me encontraron, mientras le daba palmadas en la espalda al autoestima enfermo y revolvía retazos de recuerdos (Cuando niño preguntaba -Qué será de mi a los diecisiete?-), un arma se posó en mis manos y disparé, hacia el abismo, hacia la vida, hacia mi.
La vida va pasando, entre sueño y vigilia, entre ruleta y destino, entre dedos que señalan y dedos que gatillan, entre nombres en un paredón ya consumidos por el tiempo y aquellos que reivindican esa historia ahí escrita, entre la pólvora mojada y unos chimangos ya muertos, todo se va...

Destronado ya el día, la tarde se consume en humo barato, una campana de iglesia suena en mi mente, hay murmullos y sed de mi; cada tanto un pájaro vuela, con aparente resignación, sobre los colores de mi paranoia. Y mientras tanto, los calores de la noche se apoderan de mi adrenalina, el pulso es un tic-tac audaz y la sangre fluye ya sin destino fijo. A mi lado, la soledad de siempre. Todo es calma.Todo menos este cuerpo impaciente, que es tormenta y tiende a rebelarse a las ansias que cada vez son mas. Lo intenta pero no puede, las ansias son mas fuertes y el cuerpo (¡Por fin!) estalla, el día se hizo sueño y todo vuelve a empezar, pero esta vez sin un nuevo despertar.

No hay pulso, pero ahora la utopía es eterna, y a nadie le importa.



Muchas veces las palabras se vierten sobre alguna hoja sin ningún sentido, elegidas al azar del diccionario, seleccionando solo retazos de la memoria y maquillando ideas para que no suenen tan contestatarias, dependiendo el lugar donde suenan.
Cada tanto se eligen también colores para decorar tu día, que lo oscurecen o lo iluminan.
A veces se cruzan ideas locas, locas para las estructuras a la que te amoldan: casado,dos hijos, trabajo estable, 8 horas diarias, un poco de deporte y comida sana. Loco el que viaja y deja su vida, loco el que sobrevive y no viaja, loco el que se ríe dos veces al día, loco el que muere sin hijos ni casa, loco el que pierde su tiempo vagabundeando y loco el que entiende que no importa el cuerpo, sino el alma.
Pero es cuerdo el que se encierra a dialogar con la TV, el que hace planes, tiene todo previsto y anotado en un papel, si no cumple con sus objetivos se frustra -¿Cómo me van a ver?-, hace planes nuevamente y rompe aquel papel. Cuerdo el que llega temprano a casa, se saca la corbata, que aprieta pero no mata, solo asfixia, de a poco, muy de a poco.. las ilusiones que tenes.
Los planes ya no están, mientras lo hacías pasaba el día que, aunque no entiendas, es la vida. Este momento, en el que lees.
Salí afuera, sol en la cara, amigos en los ojos y poco tiempo que perder. El aire contra el cuerpo, el sabor en la boca, una mejilla en tus dedos y el agua en el cuerpo, las sonrisas atrapadas por siempre en el tiempo, la música en los oídos o una foto en sepia, un colchón de plumas y el reto de un padre, la llave girando, para abrir o cerrar puertas, un lugar nuevo o el lugar de siempre, el agua caliente regando un mate y humeando charlas; y los ojos cerrándose cuando la noche ya es noche, todo eso, mientras el tic tac avanza, es la vida ¡Y no te das cuenta!