martes, 20 de diciembre de 2016



Los recuerdos mienten de vez en cuando, a veces sólo son inventos, cuentos que algún día quise escribir y no había hoja, ni papel, ni oídos atentos, entonces quedaron desperdigados en neuronas de rincones oscuros. Pero esto juro que lo vi, recuerdo repetir mil veces lo que mis ojos veían para no olvidarlo, prometí no olvidar que fue un febrero de un calor habitual en el noroeste argentino, en el Tucuman que se convierte de valle a sierras secas, donde el verde cede el asiento a los cardones.
Recuerdo también que fue un viaje en el que saqué miedo a cuenta y que lo saldé todo al hacer el primer viaje de pueblo a pueblo, al comprobar que la hospitalidad de la que me hablaron no era sólo suerte del viajero anterior, sino que es la carta de presentación al viajero en cada lugar que visité aquellos días. Entre mates amargos, amargos no por elección sino por escasez de azúcar, mis retinas conservan como un tesoro, el cual hoy pongo en mi testamento para todo aquel que quiera leerlo, la imagen que fue fotografía y poema para mi, en ese presente, y que también fue amor y alegría. Aquel poema que les quiero leer estoy seguro que no dice textualmente así, es una foto con algún que otro filtro a elección del narrador, pero eso no le quita méritos a la experiencia. 
Aquellos 10 segundos en los que transcurrió todo, 10 segundos que se desprendían a cuentagotas de los relojes, el motor de un colectivo, quizás del único del día que pasaba por el frente de esa casa que muy bien no vi, pero sé que estaba sola en por lo menos 500mts y que se refugiaba de su soledad bien al fondo de un patio grande. Decía que el motor del colectivo se detuvo, quizás a la hora de siempre o quizás nunca se detiene en esas coordenadas, un hombre mayor, bolso en una mano y el brazo de una pequeña en el otro, se levanta de su asiento y se acerca lentamente hacia la puerta, haciéndose cargo de una ansiedad que no era suya sino de la niña, que con entusiasmo baja de un salto del ómnibus. Todo sucede en el mismo momento, mientras esa ansiedad recorría la sangre de esa niña, había otra, que con precisión quirúrgica sale a la hora exacta de la casa, cruza el patio mitad corriendo y mitad saltando, creo que tenía dos trenzas (o quizás sea un filtro a la foto) Sus pasos eran seguidos de cerca por una polvareda frenética y un perro viejo que simulaba una sonrisa, mientras su lengua amagaba con caer. Son fotos, no pasaron ni cinco segundos en los que transcurrió todo esto. En los cinco restantes sucede lo siguiente: bajo del colectivo yacen ya el hombre mayor, con paciencia de abuelo, y la primer niña, la viajera. El colectivo ahora actúa de muro que separa dos miradas deseosas de cruzarse, quizás por primera vez. Ya el ómnibus retoma su marcha, arriba de él nadie parece percibir nada de esto. Se ríen, algunos duermen, otros fotografían en sus celulares algún pico muy alto, mientras yo prefiero guardarlo en un recuerdo, detrás de mis ojos, para recuperarlo cada vez que quiera.
Cuando el colectivo deja por fin atrás esa historia, tuve la fortuna de sonreír aliviado por no perderla, la dicha de presenciar la pasión de un encuentro, la ilusión de quién llega y los nervios de quien recibe, los minutos contados para un abrazo y los tantos otros que siempre los esperan, perdidos entre montañas. Imaginé mil finales el resto del viaje, pero ya no importan.

lunes, 18 de julio de 2016

Carta a mis últimos 5 años.

Hace 5 años que bastó un beso para cambiar mi vida.
Una de las frases que elijo para este momento y con la cual quiero armar una idea, un boseto de lo que nos pasa hace 5 años es "Será nuestro premio por no salir corriendo..."
En ese momento en el que empezó todo (si es que se puede delimitar cuándo empezó), en el que nos dimos un beso atragantado hace un tiempo, un beso que siempre estuvo pero esperaba por nosotros, nos hicimos miles de preguntas:  ¿Vale la pena arriesgar una amistad que a los ojos de todos, y de nosotros, está consolidada? ¿Qué ganamos barajando y dando devuelta, cuando las cartas en mano quizás son la mejor mano que nos puede tocar? ¿Y si mejor fingimos amnesia, olvidamos aquel beso que quizás solo fue un cumplido para seguir el camino tal como estaba estipulado? ¿Por qué trazar horizontes nuevos, destinos que no están en la agenda de nadie?
Nuestro premio esta a la vista, no escapamos, jugamos todas las fichas a un número y nos llevamos el pozo mayor, porque el corazón no miente y la cabeza a veces si: te atormenta con prejuicios, inventa finales a historias que aún no comienzan o, peor aún, analiza todas las posibilidades y si de ellas 5 son felicidad plena, una es intrascendente y la última es una cagada, seguro que pese mas ésta; porque la cabeza es media boluda ¿viste?. Se la pasa planeando mientras el tiempo corre, imagina una vida para vivir en el futuro, mientras la vida se consume. El corazón se le caga de risa. El corazón, otra vez, le dice ¿viste la concha de tu madre que yo tenía razón? ¿Por qué no te metes en tus cosas?
Porque es así cuando un corazón dice que sí puede funcionar, pero si dos corazones se animan a darle un boleo en el orto a la cabeza, ahí ya no hay vuelta atrás, con eso no hay nada qué hacer.
No me olvido más: que somos amigos, que "estas seguro?", que "tenemos que pensarlo". Qué carajo hay que pensar?!? Perdón que me ponga agresivo, es que es fácil hablar con el diario del lunes, cinco años después, tirado en mi cama, esperando a que llegue el otro día para verte y disfrutar el rato de vida en el que nos toca estar juntos.
Y no había nada que pensar, al otro día ya no había vuelta atras. Al principio ese mundo nuevo en el que entre era pura curiosidad: Esto que sentimos ahora, el primer mes, el segundo ¿Cuánto dura? ¿Unos meses mas? ¿El primer año? El tiempo fue pasando y la incógnita se repetía pero adaptando la pregunta al tiempo que llevabamos juntos. Pensaba que tanta intensidad, tanto amor al principio, iba a hacernos gastar cartuchos para el resto del tiempo que quedaba, pero todos los días recargamos municiones, que parecen no acabarse nunca.
Con el diario del lunes sé que todo valió la pena, porque no hay nada que vaya a opacar jamás los momentos que me regalaste, desde esas primeras tardes en la plaza promediando el otoño del 2011, hasta el atardecer en Purmamarca. Desde esos adolescentes que fuimos, paseando por un shopping, hasta Nuestro amo juega al esclavo en Tandil. Desde un beso en la vereda de mi casa frente al mural, hasta el abrazo justo en momentos de mierda. Todo valió la pena y lo sorprendente no es el tiempo que hay detrás nuestro, al voltear la cabeza, no. Lo sorprendente es que por delante hay un camino más extenso, lleno de juventud y vejez, de niños y patio grande, de noches estrelladas en Amaicha. Hay un camino, en él esas estrellas van a estar para vos o para mi, las piedras también. Lo importante es que hay un camino y siempre va a ser más fácil compartirlo juntos.
Esta noche, como todas, brindo a tu salud y te brindo mi vida.


lunes, 13 de junio de 2016

Viejito

Estoy ansioso por saberte sin el pucho en la boca o simplemente en la mano por esa puta costumbre que tanto costó, por verte respirar el azul del cielo bonaerense, que en la vereda de casa es aún más brillante. Ansío con las fuerzas de un hijo orgulloso verte jugar a los pases con tu segundo nieto, o tal vez sólo contarle de tus gambetas en algún potrero a fines de los años 60, y que él escuche atento encima de tus rodillas, alimentando sus ilusiones futbolísticas. Pensándolo bien, creo que deberías empezar por contarle qué carajo es un potrero, extintos en los tiempos que corren. Espero fuertemente la hora de que tus pulmones te den tregua y aceptes una de las infinitas invitaciones al monumental, poder subir a tu par los escalones de la Sivori y sentirme un nene en el mejor lugar del mundo. Más de una vez también me ilusioné con que el tiempo no sólo no corra, sino que tire reversa y elija algunos casilleros hacia atrás al azar. Quizás caiga en alguna tarde de sábado en el Suva, vos con una gaseosa de segunda línea en la mano como premio y tu voz dejando escapar un “bien negrito” que hoy entiendo era el premio real. Me pongo un poco impaciente, lo sé. Pero ruego por poder verte andando en bicicleta con Guillermina a tu costado, haciendo carreras pero dejándola ganar, porque no podrías hacer otra cosa. O quizás quiero repetir la imagen del otro día, esa que me interrumpio en medio de un sueño sin sentido. En él estabas vos, mono, Patricio ya grande, una mesa larga y olor a asado. El día no lo sé, pero todo indica que era domingo. Es raro porque el sueño se ubica en un futuro no inmediato, pero en la radio sonaba costafebre, relatando un gol de Sorin o la bruja berti. En un momento, luego de que el relator hiciera un comentario acerca del pibito que iba a debutar, Pablo Aimar, de Río Cuarto, vos viejito hiciste un chiste y todos reímos. Mi vieja también río, ella tenía el pelo blanco como los inviernos de hollywood. Imagínate que desde un mueble, una foto vieja reestrenó una sonrisa que parecía inmóvil, una sonrisa que siempre vi igual (ojo, así como estaba siempre me pareció la mas hermosa) esta vez eligió demostrarme que estaba feliz de ese momento. Yo también lo estaba, no había forma de que no lo estuviera. Entonces, Viejo...me cumplís ese sueño? 

martes, 10 de mayo de 2016

No corras más, tu tiempo es hoy.

La vida no siempre espera, el reloj te convierte en su esclavo y te asfixia de a uno los sueños.
Está en uno interpretar cada tic-tac, cada paso de las agujas, como una oportunidad para ser feliz, sin condicionamientos, lejos de una rutina que funciona como ancla a la conformidad.

miércoles, 6 de abril de 2016

A mi abuela

Me cuentan que tu respirar es cada vez más lento, que querés decir y no podes, que los dolores ya son tu estado natural y que al cerrar los ojos la pasas un poco mejor.
Me cuentan también que cantás con tu hijo menor, qué le pedís a Dios que no te deje sola, que tomás con tímida fuerza la mano de quien se acerca a visitarte, porque eso te hace sentir mas viva, mas de este lado.
Me dicen que tu mirada pierde chispa, que disfrutas de los silencios y que no tenes objetivos más que allá del próximo día.
Me gustaría abuela poder darte otra vez un poco del sol de las 7 de la tarde y un mate para que cebes, pero no tomes, tal como acostumbrabas; te daría una mesa larga de un domingo de octubre o de abril, con un folklore que le da música a las risas y acompañe al humo paciente de la parrilla.
Si pudiera te devolvería la vida de tus nietos, la de tus hermanos y te llevaría al cobijo de tu pueblo, que te vio en la inocencia de una niña y también aprendiendo a ser madre.
Si fuera posible te devolverá las ilusiones pérdidas, los sueños sin cumplir, como esas clases de tango que nunca tomaste.
Te regalaría a tu esposo, el Negro, para que lo putees un rato como solías hacer...y para que lo ames.
Te llevaría a los brazos de tu mamá, para que te sientas protegida y darte la seguridad de que nada malo puede pasarte, pero no puedo. 
¡Qué impotencia no poder hacerlo!
No mereces tanto sufrimiento.
Solo voy a darte mi amor y absorber un poco ese dolor; a Dios le voy a pedir misericordia que él sí puede dartela.
No sufra abuela, ya no.


martes, 5 de abril de 2016

Un hombre muere (y la vida sigue...)



Siete p.m. de una tarde de verano, un poco de sol aún ilumina este costado del mundo; un hombre se refugia del calor casi extinto bajo la sombra de un árbol, el hombre descansa.A su alrededor niños corren detrás de una pelota, sonríen e ignoran que a sus espaldas los ojos de un hombre decide entre parpadeos por este mundo o por aquel.La imagen del hombre dice que está presionando con débil fuerza la correa de un perro, el cual impaciente espera la oportunidad para escapar, sobre su pecho un diario se entrega al viento y transforma sus noticias en hojas sueltas volando por el parque.El hombre respira dejando atrás suspiros pero sin saber cual será el último. Confunde el sueño con la vida, pero los sueños van perdiendo color, corren al ritmo del pulso apagado de ese corazón, el pulso ya es pasado mientras la noche va cayendo y el sol, por fin, ilumina la otra parte del mundo.La mano derecha resignó el deber de sostener la correa y ya no quedan hojas del diario ni nada mas sobre su pecho; a unos metros una pareja se levanta del pasto sin interrumpir el descanso del hombre anónimo.Las últimas gotas de vida van cayendo dentro de una copa casi llena. Tomará unos minutos llenarla a ese ritmo. Las gotas caen confundiéndose con las ya vertidas, sin saber cual sera la ultima, la que decida detener el pulso y terminar con su suerte.La copa por fin dice basta, y en el mismo instante que cae la última gota de vida dentro de ella, una gota es expulsada hacia fuera, para segundos mas tarde estallar contra el piso y ser muerte.El parque casi desierto es testigo de ello y, en un rincon del mismo, un niño juega con un perro mientras un hombre muere. 

viernes, 25 de marzo de 2016

Atardecer en Uquía






Atardecer en uquia, el sol cae detrás de cerros de colores, a mi alcance un ejército de cardones, posados sobre tierras vacías. Hay una iglesia para que recuerdes que tu dios no es el Sol, para que no montes altares a la pachamama, quisieron con armas inhibir tu amor, amor a la tierra, la única santa. Si no amas la tierra podremos sacarte el oro, cercar tus montañas y vender tus cosechas.
Tus casitas de barro son pinturas en sepia; levantadas sobre ruinas invisibles, olvidadas. Enterradas quedaron otras casas, sin cruces a la vista, 500 años de peleas solitarias. Nubes bajitas o suelo muy alto, cerca de lo divino o divinidad terrenal. Uquía se detuvo para siempre en mis ojos y con eso no hay nada que hacer.