martes, 25 de febrero de 2014

Gracias por soñar en mí

Hoy soñé con vos, me tocaba esta vez. Tu agenda debe estar muy ocupada, visitando gente por allá arriba y estando atento a cuando uno acá abajo pegue un ojo para aparecer por los sueños. 
Por la alegría que supiste repartir en vida hoy tenes mas responsabilidades que algunos otros, te toca visitarnos mas seguido porque cultivaste eso, la gente te extraña. Y es increíble que estamos a punto de cumplir 5 meses de ese día y las personas que conociste se acuerdan de vos todos los días.
Me lo he preguntado antes, ayer, siempre: Por qué carajo me pegó tanto ? ¿Por qué me acuerdo ese día por completo? 
Que hice, que comí, la hora, los cómo, los cuándo. Las lágrimas. 
Pero esperen, no quiero detenerme en ello, vine a hablarles de otra cosa: de mi sueño. Porque no me siento dueño de sus mensajes, ya saben, el es bueno y nos visita un poco a cada uno para decirnos algo a todos.
El sueño era una mezcla de todo, como todo sueño, sin sentido. Personas que quizás viste una vez en tu vida pero que estaban ahi y desaparecían o se convertían en otras, cosas que suceden mientras uno duerme. Todo transcurría en la esquina de mi casa, el día estaba medio nublado (qué importa dirán, pero no quiero dejar pasar ningún detalle) y entre tanta gente te distingo a vos, bah... no te distingo como Maxi, sólo te veo. Te acercás y te saludo, con una felicidad plena, un saludo con abrazo como se le da a la buena gente, una sonrisa y otro abrazo todavía más fuerte. Tenías un brazo enyesado, o una pierna, no recuerdo con claridad. Sí, una pierna. Lo sé porque te dije que cuando te recuperes teníamos que jugar a la pelota, armarnos un equipito. No sé qué respondiste, no me importa. Solo sé que estabas feliz, y yo me levante también de muy buen humor, con una sonrisa. Recién ahí me di cuenta que el del sueño habías sido vos y que por ello estaba contento, recién ahí te distinguí como Maxi y caí de lo que te había pasado y de la importancia que tenía ese sueño para mí.

Te agradezco desde lo más profundo de mi nostalgia por esa visita, de más está decir que, cuando me toque, estás más que bienvenido para visitarme. Para cuando llegue ese momento te voy a encargar unos saludos para algunas personas con la que compartís barrio ahora. 


Hasta siempre, por siempre.