
Atardecer en uquia, el sol cae detrás de cerros de colores, a mi alcance un ejército de cardones, posados sobre tierras vacías. Hay una iglesia para que recuerdes que tu dios no es el Sol, para que no montes altares a la pachamama, quisieron con armas inhibir tu amor, amor a la tierra, la única santa. Si no amas la tierra podremos sacarte el oro, cercar tus montañas y vender tus cosechas.
Tus casitas de barro son pinturas en sepia; levantadas sobre ruinas invisibles, olvidadas. Enterradas quedaron otras casas, sin cruces a la vista, 500 años de peleas solitarias. Nubes bajitas o suelo muy alto, cerca de lo divino o divinidad terrenal. Uquía se detuvo para siempre en mis ojos y con eso no hay nada que hacer.