Cosas del fútbol y la vida, canchas que se reparten ilusiones y el sueño de ser feliz de por vida mientras la pelota pase por tus pies, el reflejo de tu padre o de un hermano, que sintió lo mismo y lo aprendiste. Ambiciono una sola cosa, que la rodilla no sea traicionera, que acompañe mis ganas y me de la posibilidad de ser feliz, luego de serlo todo será por añadidura.
Computadora del trabajo, música de fondo, mate en la mano, tic tac del teclado y del reloj del que somos esclavos. Sueños amontonados juntan polvo en un rincón. Cada tanto se iluminan en la mente pero ésta los reconoce como imposibles. - ¿Por qué?- Pregunto - Porque todos terminamos en el pico del embudo, sin mucho margen de elección- Alguien susurra. Un ángel en lo oscuro de mi cuerpo quiere escapar. ¿Hacia dónde? Si afuera es presa fácil de un sistema que no quiere cuerpos con alas, ni voces que protesten, ni zapatillas con kilómetros, ni música que piense, ni músicos que hagan pensar. Por el piso un papel con una inscripción: "100". Miro y sigo, pienso en que alguien tradujo su tiempo en ese billete. Que cruel y normal parece. Un papel, un número, tiempo de tu vida: que es solo una, con o sin papeles en el bolsillo. Contraseñas y cámaras, códigos y alarmas. ¿Seguridad o vigilancia? Hay libros, quién lo escribió no importa. Hay un profesor, qué piensa ¿Para qué saberlo?. Si es educación es buena. Si el que lo dice tiene guardapolvo blanco debe ser cierto. Y te mienten, te ocultan, te distraen. ¿Guardería o conocimiento? ¿Educación o instrucción?
Agendas, almanaques, listas. Te dicen: "No hay que improvisar". Vidas estructuradas: "No dejes nada librado al azar".