viernes, 27 de junio de 2014



Escapare hoy de esta prisión, lo haré hoy mismo...
Y con un reggae en mi corazón yo venceré el temor

lunes, 23 de junio de 2014

Ya va a volver

Verte otra vez, aunque sea una vez, y que no sea en un sueño o cuando fumo sin asco

jueves, 19 de junio de 2014

¿El opio de los pueblos?

  
¿En qué se parece el fútbol a Dios?. En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales.
En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan". Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencias sobre le tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del '78.
El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.
En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.
Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar la huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.
Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió "este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre".

viernes, 13 de junio de 2014

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: Rompiendo la piñata del mundial

A las 9 de la noche, en la sala Montserrat, tenía que presentarse –a modo de antipasto- un grupo de jazz. No apareció. Los Redonditos, plato fuerte de la noche, rodaban en la dulce espera por entre las sillas y el buffet, haciendo salir sin descanso a los amigos y colados que poblaban el escenario, y haciéndolos entrar simultáneamente. Cuando al fin lograron dejar la sala vacía, éramos como treinta sentados con comodidad, observando los preparativos y escuchando a Zappa, mientras el malón de plomos organizaba los equipos.
A la voz de “ahura” se abrieron las puertas y en pocos segundos el único lugar libre de la platea era sobre mis hombros. Los que colgaban del techo escuchaban al revés, pero para el caso era lo mismo; no se había presentado todavía ni un alma a tocar… con excepción de un par de tipos que nos trajeron una momia, regalo de Patricio Rey que anda de viaje. La momia resultó ser un preso con traje a rayas, que junto a un gordo atómico sorteó entre el público presente quiénes serían los músicos de esa noche. El azar recayó en un tal “Sky”, otro tal “Gabriel Jolivet” y “Leon” en guitarras, un mosquetero de capa roja y flores en el gorro llamado “Fenton” para el bajo, cierto “Marcelo Pucci” en batería y (veamos otro papelito elegido por casualidad) “Rodi Castro” en órgano. Momento. Aquí hay un infiltrado. El “Indio” (si Solari es indio yo soy japonesa), un extraño ser, una garanta con aspecto de hombre que derritió el micrófono del primer aullido.
Pero aún no hay música. Patricio Rey está perdiendo la forma humana y andamos todos ansiosos por entonar una Plegaria para invocar su alma desencadenada.
¡Esto es rocanrol, señores, MALDICION! Fue el primer tema, enganchando un blues desangrante referido a un señor que murió mirando el noticiero. La “Nena Boba” bailaba el “Twist de Patricio”, y unos bufones submarinos se retorcieron sobre el escenario junto con el preso “Sergio”, que no toca nada pero se mueve todo. Y la novedad: se suspende la música porque llega Frank Zappa, desde unas diapositivas y 100.000 watts de potencia con los mejores temas de Gran Zarpado.
Pero esto no se termina aquí. Tenemos que romper la piñata del Mundial, y dos señoritas con aspecto de señoritas y boas de plumas enfriaron los ánimos de los espectadores de la primera fila (primera fila significa sentados sobre el escenario), removiendo ansiedades en letargo. Cuando aparecieron por segunda vez con galera y mini shorts, rompieron definitivamente el letargo y adosaron resortes en las manos de los más próximos. Junto al Ballet Ricotero, un monje tibetano con pintura sioux en las mejillas repartía auténticos redonditos de ricota, y eso ya fue demasiado. El salón de baile nos quedó chico y bailamos impunemente sobre las sillas.
Espacio de publicidad: El grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentó en la Sala Montserrat el 10 de noviembre a las 21 horas, dando a conocer lo mejor de su material. Especial mención a Gabriel Jolivet y León por su magnífico desempeño en la guitarra, a Marcelo Pucci por su asombrosa resistencia y precisión en la batería, al señor Indio por su impecable voz y a Sergio por haber comprendido admirablemente cómo conducir el arte del caradurismo.
Son las doce del mediodía, vieja déjame dormir otro rato. Pasa que anoche los chicos se tocaron unos blues para los amigos, se hizo tarde y tengo los huesos de goma de tanto bailar. ¿Qué cómo un concierto de las 9 de la noche termina a las 3 de la mañana? Vos si que no entendés nada. Yo no fui a escuchar simplemente música: yo fui a ver rockanroll.
A la voz de “ahura” se abrieron las puertas y en pocos segundos el único lugar libre de la platea era sobre mis hombros. Los que colgaban del techo escuchaban al revés, pero para el caso era lo mismo; no se había presentado todavía ni un alma a tocar… con excepción de un par de tipos que nos trajeron una momia, regalo de Patricio Rey que anda de viaje. La momia resultó ser un preso con traje a rayas, que junto a un gordo atómico sorteó entre el público presente quiénes serían los músicos de esa noche. El azar recayó en un tal “Sky”, otro tal “Gabriel Jolivet” y “Leon” en guitarras, un mosquetero de capa roja y flores en el gorro llamado “Fenton” para el bajo, cierto “Marcelo Pucci” en batería y (veamos otro papelito elegido por casualidad) “Rodi Castro” en órgano. Momento. Aquí hay un infiltrado. El “Indio” (si Solari es indio yo soy japonesa), un extraño ser, una garanta con aspecto de hombre que derritió el micrófono del primer aullido.
Pero aún no hay música. Patricio Rey está perdiendo la forma humana y andamos todos ansiosos por entonar una Plegaria para invocar su alma desencadenada.¡Esto es rocanrol, señores, MALDICION! Fue el primer tema, enganchando un blues desangrante referido a un señor que murió mirando el noticiero. La “Nena Boba” bailaba el “Twist de Patricio”, y unos bufones submarinos se retorcieron sobre el escenario junto con el preso “Sergio”, que no toca nada pero se mueve todo. Y la novedad: se suspende la música porque llega Frank Zappa, desde unas diapositivas y 100.000 watts de potencia con los mejores temas de Gran Zarpado.Pero esto no se termina aquí. Tenemos que romper la piñata del Mundial, y dos señoritas con aspecto de señoritas y boas de plumas enfriaron los ánimos de los espectadores de la primera fila (primera fila significa sentados sobre el escenario), removiendo ansiedades en letargo. Cuando aparecieron por segunda vez con galera y mini shorts, rompieron definitivamente el letargo y adosaron resortes en las manos de los más próximos. Junto al Ballet Ricotero, un monje tibetano con pintura sioux en las mejillas repartía auténticos redonditos de ricota, y eso ya fue demasiado. El salón de baile nos quedó chico y bailamos impunemente sobre las sillas.Espacio de publicidad: El grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentó en la Sala Montserrat el 10 de noviembre a las 21 horas, dando a conocer lo mejor de su material. Especial mención a Gabriel Jolivet y León por su magnífico desempeño en la guitarra, a Marcelo Pucci por su asombrosa resistencia y precisión en la batería, al señor Indio por su impecable voz y a Sergio por haber comprendido admirablemente cómo conducir el arte del caradurismo.Son las doce del mediodía, vieja déjame dormir otro rato. Pasa que anoche los chicos se tocaron unos blues para los amigos, se hizo tarde y tengo los huesos de goma de tanto bailar. ¿Qué cómo un concierto de las 9 de la noche termina a las 3 de la mañana? Vos si que no entendés nada. Yo no fui a escuchar simplemente música: yo fui a ver rocanrol.


Gloria Guerrero, publicado en la revista "Rock Super Star" de diciembre de 1978. Crónica sobre el recital de Los Redondos en la "Sala Montserrat" de la Ciudad de Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1978.

miércoles, 4 de junio de 2014

El tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos

Amigos electrónicos, amores cibernéticos ya no se ve la gente, ni las voces se sienten y cada vez más solo y más encerrado. Yo prefiero verte a vos, y sentir latir tu voz y la carta que guarde, de tu puño y de tu piel.