*Quién sabe si la cuenta regresiva empezó
Al gatillarte en esa foto cualquiera
Era domingo, se despertó por el insistente ruido de su perro rascando la puerta de la habitación, como cada día, a las 8am (los animales no entienden de días laborables o no)
Ni bien pudo despegar sus ojos y volver a este mundo, supo que había tenido un sueño raro y trasladó esa sensación incómoda a su realidad de ojos abiertos, era un día distinto.
-Puta madre, hoy tengo que reponer la garrafa- pensó, mientras ponía agua para el mate ya sin poder dormirse.
Su perro meo y cagó (El orden, en este caso, es preciso) y él se colgó por varios segundos mirándolo por la ventana. Su hipnosis terminó y el chasquido despertador fue la pava silbadora, avisándole que esos mates, irremediablemente, le saldrían lavados.
Una vez sentado se dispuso a prender la tele, quizás encontraba un partido de la Premier para maquillar su soledad. Al fijar los ojos en la pantalla, redescubre un portatetrato que hace tiempo estaba ahí, en la misma mesa. Se fue acercando despacio, en silencio, como quien quiere atrapar una paloma con sus manos, quizás por temor a modificar la escena que veía, y ahi estaban ellos en la última foto que se sacaron: el gordo, Juampi, la China y él, Matías. Se queda contemplandola en sus manos y, sin soltarla, fue en búsqueda de su celular.
Efectivamente comprobó lo que ya su mente trataba de advertirle: hoy, 28 de marzo, hacía un año de lo de la China, de su desaparición.
La China fue la última de su grupo de amigos a la que se la tragó la tierra en cuestión de una semana ¡Una semana y sus amigxs ya no estaban! Nadie sabía nada de ellos y en el canal zonal no se hablaba de otra cosa.
Matías ese tiempo lo vivió con algo de culpa por ser el único de la foto que corrió con mejor suerte.
Finalmente encendió la TV y, luego de un zapping de ida y vuelta sin ganas, optó por poner música que fuera banda de sonido de sus pensamientos: -¿Por qué ellos?, ¿Quién o quiénes fueron?- Matías se hacía estas preguntas buscando algún punto fijo en el que concentrarse, se iba enredando en sus hipótesis y metiéndose cada segundo más y más en sus recuerdos:
La semana previa a la primera desaparición fue como todas, durante los días laborables su grupo de amigxs no se juntaba en su totalidad, sobre todo porque la China volvía al pueblo sólo los fines de semana, luego de sus cursadas en la Universidad de la capital. Llegado el sabado, aprovechando que el sol no quemaba, agarraron sus bicicletas sin destino premeditado.
Dieron varias vueltas por las afueras del pueblo, sin demasiados sobresaltos ni hechos interesantes, más cerca del aburrimiento que del éxtasis de futuras anécdotas, hasta que detrás de la posta del ejército, pasando el cementerio, llamó su atención una construcción moderna, que desentonaba por su arquitectura y que quedaba cercada por un muro de pinos.
En los últimos diez años fueron naturalizando el crecimiento inmobiliario en las adyacencias de la zona urbana, generalmente se trataba de nuevos ricos que elegían la zona para montar su casa de fin de semana, quizás por lo barato del m2 en ese lugar y la vista periférica hacia las sierras.
Presos de curiosidad (Y por iniciativa del gordo) se acercaron al lugar lo más que pudieron, lo suficiente para que la vista se cuele entre los pinos y saciaran su sed de mirar. La primera impresión que tuvieron fue que esa edificación era tan grande como desproporcionada para ser una casa de familia, al menos como a las que estaban acostumbrados, además les pareció una abominación que no tuviera una pileta (¿a quién se le ocurría hacer tremenda construcción y no gastar unos pesos más en una buena piscina?)
(Él) Matías, por su parte, en aquellos últimos minutos que estuvo en ese lugar reparó en dos cosas: por un lado en la excesiva cantidad de carteles con indicaciones, tanto en paredes como montados sobre postes y que, aunque no pudo descifrar qué decían, creía que estaban en otro idioma; y, por el otro, en un ventanal ubicado en el ala derecha, tras el cual pudo ver (O creyó hacerlo) aproximadamente 4 pares de gemelos idénticos, sentados frente a un proyector al que miraban con mucha atención.
Esas dos imágenes quedaron congeladas en su retina y recién comenzaban a derretirse en este 28 de marzo, tomando mates en su casa, uniendo hechos.
Recordó además que un parpadeo después, la escena que vio fue totalmente distinta: un disparo ahuyentó a unos pájaros que se empalagaban con la resaca de unos pastos recién cultivados, un uniformado sostenía un arma larga apuntando al cielo y las sirenas del destacamento militar comenzando a sonar. Sin entender demasiado lo que sucedía -y hasta tomándolo como una travesura- cada uno se montó a su bici y emprendieron el regreso a una velocidad exagerada hacia la plaza del centro, que usaban como punto de encuentro.
Durante lo que restaba de tarde tejieron algunas hipótesis acerca del misterioso lugar, las cuales oscilaron desde una escuela para los nuevos habitantes de las afueras del pueblo hasta una casa comunitaria para que nuevos ricos fantaseasen con una pseudo aventura hippie. De todas formas, no le dieron mucha más relevancia al tema, de hecho las armas eran habituales en la zona debido a la caza deportiva y, usualmente, los campechanos eran muy celosos del respeto por la propiedad privada.
A poco menos de una hora del escape, habiendo recuperado ya el aliento, le pidieron a una pareja que pasaba que por favor les tomará una foto, la cual la China se encargó de enviarla inmediatamente al grupo de whatsapp, y se despidieron para ahora sí regresar a sus casas. - Nos vemos el finde.- dijo Juampi yéndose, y agregó: -Y vos gordo llevate unas facturas mañana, no seas rata.- refiriéndose a su amigo y, también, compañero de trabajo.
Ese lunes el gordo nunca llegó al laburo, el miércoles quien no llegó fue Juampi, y en tanto a la China, lo último que se supo fue que el sábado de esa semana viajó desde la capital hacia el pueblo, como normalmente lo hacía.
Matías revivió los hechos en su mente con angustia, pero decidió volver al lugar. Tenía que haber una forma de entrar y quizás allí encontraría una explicación acerca de la desaparición de sus amigxs, o bien la certeza que lo que sucedió esa tarde en ese lugar no tuvo nada que ver con ello.
Tomó su celular, su billetera, acarició a su perro que se ilusionó con salir a pasear y se fue en bicicleta al misterioso edificio. La bici la dejo atada a unos 200 metros que hizo caminando, analizó el lugar unos minutos y decidió que lo mejor era ingresar por la entrada principal y averiguar formalmente. El movimiento era nulo y temió que por ser domingo no hubiera nadie allí. Sin más, ingresó por el portón que daba a la ruta, que se encontraba llamativamente abierto, pocos pasos de camino delimitado por piedras laja lo separaban de ingresar al primer cuarto, desde su lugar veía las luces apagadas y era lo correcto para esa hora del mediodía. Pudo comprobar que los carteles que habían llamado su atencion aquel día tenían indicaciones en alemán y una pequeña traducción al inglés. Al cruzar la puerta de ingreso y adentrarse en el cuarto, observó las fotos de sus amigos desaparecidos, con la última vestimenta que usaron y con sus caras repletas de sorpresa y miedo en igual dosis. Detrás suyo escuchó una puerta abriéndose, dejando una leve estela de sonido, como un pequeño llanto agudo y a continuación un chistido.
Sus piernas paralizadas por el terror lo indujeron a sólo girar, muy lentamente, su cuello; al segundo siguiente hace contacto visual con un rostro familiar, no pudiendo creer lo que veía, e inmediatamente descubre, en el disparo de esa cámara de fotos, que su vida había terminado.
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