viernes, 18 de octubre de 2019

Laberinto

 El acto es el de siempre, uno se prepara el mate y está todo bien hasta que le pones edulcorante y alguien te mira mal, porque tiene calle y automáticamente te convertis en careta, otro te dice guacho eso es re cancerígeno mientras le saca el último resto de humo a ese cigarro. No les das bola, le cebas uno y se lo das. Ellos siempre aceptan, fue. Charlás giladas, te haces el interesante, tiras alguna palabra difícil o un "una vez lei un libro que..." Y ahí mandas una frase a gusto, aunque no te acordás si realmente era un libro o una imagen en Facebook con la cara de John Lennon/Bob Marley/Pepe Mujica. Afuera llueve desde que me acuerdo, parece mentira pero estando adentro veo todo en escala de grises, se ve que el interior empatiza con el exterior y es una paja que así sea, porque cuando afuera hay un sol hermoso, de los de antes, por más que adentro todo gane más color, te querés matar por estar encerrado. Y después de todo sabes que no hay escapatoria de ningun lado, que por más que camines y camines y creas abrir puertas, los que te ven de arriba se cagan de risa como te encerras más y más en este laberinto. Lo piola es que mientras caminaba me encontré 50 pesos, me crucé unos pintas y nos tomamos un vino y hasta le canté el rabón con un rey cuando se armó el truquito ¿No estaba tan mal caminar no? Ya no me gasto en escapar, pateo y descanso, paso por los mismos lugares y a veces encuentro cosas diferentes, a veces lo que creo que es una tuca es el cadáver de un tabaco armado, horrible ¡Seguro que es de los que me la agitaban por el chuker! Afuera sigue lloviendo y acá dentro no recuerdo un día de sol.

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