jueves, 5 de septiembre de 2019

Abrazo ahogado a un sinrostro

En el barro se sepultan sus tesoros, llegan a lo profundo del infierno mientras camina. Sabe que a su par se entierran también sus miedos, superados por la experiencia de tropiezos y valentías.
Pasa desapercibida en medio de manadas de pies que van para el norte y para el sur, se siente aturdida.
Los conductores se putean por inercia unos a otros, enfatizan su euforia con el ruido de las bocinas
¿Quién me mandó a meterme acá?
El pavimento sopla su calor, las veredas tienen el corazón ardiendo lava y los zapatos le aprietan. Está un poco perdida, no se anima a preguntarle a nadie hacia qué dirección se encuentra aquella diagonal y lamenta no haber cargado el celular antes de salir, consumió su batería en los 50 minutos que tuvo en el bondi, la mitad del tiempo parada y la mitad sentada. Se ríe al recordar que confundieron su abdomen con el de una embarazada y le cedieron el asiento, dudó un segundo en decirle que en realidad no lo estaba, pero desistió y tomo el lugar – un poco por las ganas de descansar las piernas y otro para evitarle la vergüenza al muchacho y a su buena intención-
La creencia popular, con valor casi científico, es que tanto un policía como un canillita te pueden orientar en las direcciones que buscás, ella se decidió por el canillita (no puede confiar en alguien a quien le pagan por ser honesto): busco Diagonal Tupamaro al 400.
- ¿Donde está el hogar infantil? Respondió en piloto automático el encargado del puesto de diarios y, sin esperar su respuesta, continuó: dale derecho por esta misma unas 4 cuadras…Mmm no a ver Liners, Mitre, Marcelo T de Alvear, Aramburu y después viene la diagonal Tupamaro. Son 5 cuadras, media cuadra a la derecha y lo vas a ver. Bah, es lo único que desentona con la zona.
Al llegar al lugar, acalorada por su apuro, da fe de lo que le dijo el canillita, el lugar parecía en sepia, era un contraste perfecto con los edificios vecinos, espejados y luminosos, por lo que lo identificó en un segundo. Al principio tuvo miedo, nervios, amagó el paso hacia atrás, en su cabeza se repitieron una y otra vez abrazos ahogados durante años, rostros que nunca vio, voces, juegos, canciones de cuna.
El primer paso fue acercarse al lugar, mucho tiempo buscó a su hermanito y el dato esta vez era certero, por eso viajó desde su provincia para alojarse en lo de una tía lejana, estaba tan cerca de reconocer su sangre en Mati, ese pibito del que la separaron cuando ella tenía apenas 9 años.
Suspira un paso hacia adelante, lento pero hacia adelante, sin convicción pero hacia adelante, luego el segundo; el tercero y cuarto fueron más rápido que los anteriores.
Golpea la puerta del hogar, luego encuentra el timbre y también lo toca. Espera en su vereda mientras se seca el sudor de las manos. Fueron unos pocos minutos pero en esos momentos el tiempo pasa lento –abrazos, rostros, voces, juegos, canciones, una y otra vez-, al fondo del pasillo se abre una puerta, de ella sale una silueta que luego toma forma de señora y se dirige hacia su dirección, llega al pórtico que la separa del lugar. La señora gira el picaporte y, sin soltarlo, abre la puerta en cuarto menguante, lo necesario como para permitirle asomar su cabeza sin permitir el ingreso de nadie.
¿Si? En que puedo ayudarla señorita, dice.
Hola, busco a Matias Ezequiel Fernandez, tiene 8 o 9 años, me dijeron que podía estar acá.
Matias, sí. Esta acá ¿Vos quien sos?
Soy la hermana, una de las hermanas, Soledad.
Si, Matias esta acá, repite. Está bien, pero no podes entrar...hoy es jueves y las visitas son los días miércoles- dijo, cerrando en ese mismo momento el pequeño espacio que en ese momento la conectaba con su hermano. El silencio absoluto le ganó al sentimiento de soledad que también sentía.
Hoy es jueves, se repetía, sin entender cómo una desconocida podía decidir cuándo ella podía ver a Matias.
Hoy es jueves y tiene que volver a lo de su tía, otra vez cabeza baja. Otra vez apilando abrazos ahogados, un rostro que sigue solo imaginando, una voz pronunciando su nombre, juegos que son excusas para que sus risas se conozcan, canciones de cuna que llegaron tarde.
Quizás las semana próxima le cueste un poco menos, ya conoce el camino y sus temores quedaron sepultados en el barro.


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