miércoles, 18 de noviembre de 2015

Anteúltima noche de diciembre

Entre las voces que apenas distingo creo encontrarte, pero te pierdo entre sirenas y desmayos.
También veo luces, que se desintegran en mil colores antes de llegar a mi mente. 

¿Dónde estarás?

Si solo recuerdo los gritos que luego perdí, tus gritos que luego perdí en el preciso instante en que el reloj no giró mas y la culpa se apoderó de mi alma, ahora en sepia...

Hoy, tiempo después del fuego (eso dicen, pero mis días aún son aquellos), todavía te espero, tomándome la mano entre la multitud, silenciando todos los gritos, encontrándote con mis ojos, esforzándote por no soltarme, por llevarme con vos y rescatarme de este infierno.
A veces, mejor dicho casi siempre, siento un sucio egoísmo de poder sonreír de vez en cuando, o que mi vieja me encuentre cada vez que me busque, y la tuya solo busque y quizas se consuele solo con ver correr a tu único hijo....
Otra vez aparezco en esa noche, en una camilla de pavimento, intentando deshacerme del peso que atormenta mis párpados, para encontrarte al abrir los ojos, pero entiendo que solo voy a encontrarte al cerrarlos.

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